Auditorio Nacional
El Auditorio Nacional de Música es el recinto de conciertos del INAEM, dependiente del Ministerio de Cultura, y un espacio de referencia nacional para las actuaciones de formaciones orquestales. El edificio es obra del arquitecto José María García de Paredes y fue inaugurado el 21 de octubre de 1988. Es la sede de la Orquesta y Coro Nacionales de España, la Joven Orquesta Nacional de España y el Centro Nacional de Difusión Musical. Cuenta con una Sala Sinfónica y una Sala de Cámara.
La distribución de la Sala Sinfónica (escenario, órgano, butacas) sigue la tradición de las grandes salas de conciertos europeas y recrea la disposición de la sede proyectada para la Filarmonía de Berlín, que tanto ha influido en los auditorios de todo el mundo. La modelación geométrica de su espacio interior, dividido en terrazas, permite a los espectadores tener una excelente visibilidad al mismo tiempo que genera cierta sensación de proximidad. El escenario, de 285 m2, permite acoger grandes formaciones orquestales. Cuenta con un impresionante techo acústico en madera de nogal y alberga uno de los órganos más extraordinarios de la historia de España construido por Gerhard Grenzing. El aforo de la Sala Sinfónica es de 2.338 butacas, distribuidas en patio de butacas, primer anfiteatro, segundo anfiteatro, lateral segundo anfiteatro, coro y tribuna.


El 17 de marzo, dos compañeras y yo, asistimos al Auditorio Nacional y a continuación se explicará, en detalle, la experiencia que vivimos con una previa contextualización.
La orquesta que fuimos a ver al Auditorio Nacional era la Orquesta Sinfónica de Bilbao que ofreció su primer concierto en 1922 en el Teatro Arraiga bajo la batuta de Armand Marsick. Ha vivido diferentes etapas, desde los años en los que por sus frecuentes giras era considerada de facto la orquesta del norte de la península, hasta la más reciente expansión internacional que la ha llevado a San Petersburgo, de gira por Japón y a Omán. En 2022, con motivo de su centenario, fue nombrada como "embajadora de Bilbao" y recibió el Premio Sabino Arana. Además de su temporada de conciertos en el Palacio Euskalduna, ofrece ciclos de música de cámara en Bilbao y en Bizkaia, una importante labor pedagógica y actividades de inclusión social mediante la música. Asimismo, participa regularmente en las óperas de la ABAO y ha grabado para Naxos obras de compositores vascos.
El director que rigió la orquesta fue Giancarlo Guerrero, director de la Nashville Symphony y que posee seis premios Grammy. A través de encargos, grabaciones y estrenos ha abanderado obras de destacados compositores estadounidenses. Ha dirigido las orquestas más importantes de Estados Unidos y en Europa ha trabajado con muchas renombradas, como la London Philharmonic. Nació en Nicaragua y se crió en Costa Rica, donde se unió a la sinfónica juvenil local. Está muy comprometido con la educación musical.
En la primera obra que visualizamos había un solo de violonchelo realizado por Asier Polo, uno de los solistas más destacados de su generación y que ha colaborado con numerosas orquestas renombradas como la Philarmonia Orchestra. Ha grabado sonatas de Rachmaninov y Franck, y conciertos de Haydn, Boccherini y Vivaldi con la Orquesta Barroca de Sevilla. Toca un violonchelo Francesco Rugieri (Cremona, 1689) cedido por la Fundación Banco Santander.


La ceremonia se dividió en dos partes y en ella hubo en total tres obras.
La primera parte fue la más larga y en ella tuvo lugar la primera obra que se titulaba "Don Quijote, variaciones fantásticas sobre un tema caballeresco", op.35, de Richard Strauss (1864-1949). Esta tiene una duración de treinta y ocho minutos y consta de introducción, tema, maggiore, variaciones I a X y finale. La segunda parte fue más corta y en ella tuvieron lugar dos obras que fueron "El oráculo", poema sinfónico, op.18, de Andrés Isasi (1890-1940) de quince minutos de duración, y "Bolero" de Maurice Ravel (1875-1937), obra que la semana anterior fue explicada en clase y cuya duración fue de catorce minutos.
A continuación explicaré todo lo que pude apreciar destacable de mi experiencia en el Auditorio Nacional, viendo a la Orquesta Sinfónica de Bilbao.
Entramos quince minutos antes y estaban practicando con algunos de los instrumentos mientras las personas iban entrando y acomodándose en sus asientos correspondientes. Se pueden apreciar dos sillas vacías, una de ellas la del concertino y otra la del solista.
Entra una chica joven con un violín y cuando llega afinan todos y después ella, es la concertino. Tras esto llega un violonchelo solista seguido del director y ambos saludan a la concertino y tiene lugar el comienzo de la obra. Algo reseñable es que la misma persona que toca los platillos, también toca el triángulo y el xilófono y se sitúa al final, en la última fila. Termina la obra y se empieza a aplaudir efusivamente mientras el director y el solista se saludan, el director también saluda a la concertino y a cada uno de los solistas. Luego se levantan todos y el público sigue aplaudiendo. El director y el solista abandonan la sala.
Tras esto, vuelve a entrar el solista de violonchelo y toca él solo, mientras el resto de personas, incluidos los componentes de la orquesta, le atienden y escuchan atentamente. Es importante destacar que durante dicho solo, el director está ausente. Cuando termina, saluda y se vuelve a ir. Nuevamente entra el solista, Asier Polo, saluda a la concertino y abandona la sala definitivamente. Tras esto, todos los componentes de la orquesta se levantan y empiezan a salir por una puerta lateral, tiene lugar el descanso de veinte minutos.
Cuando quedaban cinco minutos para que empezase la segunda parte, entramos de nuevo a la sala, y al igual que antes estaban practicando con algunos de los instrumentos mientras las personas iban entrando y acomodándose en sus asientos correspondientes. Se puede apreciar, esta vez, solo una silla vacía, esto indica que el solista de violonchelo no participará más en el concierto.
Entra la concertino y todos comienzan a afinar sus instrumentos y después lo hace ella. Tras ello, entra el director, esta vez él solo, sin el solista, y después de saludar a la concertino y colocarse en su sitio, da comienzo la obra. Al finalizarla, el público comienza a aplaudir encarecidamente mientras el director saluda a la concertino y a cada uno de los solistas. Se levantan todos y el publico sigue aplaudiendo, hasta que el director abandona la sala.
Sin el director presente, tiene lugar un fenómeno que me llamó la atención, tiene lugar un cambio de posiciones y de instrumentos, esto es, entran instrumentos nuevos y comienzan a afinar. Tras esto, sale de nuevo el director y saluda a la concertino, se sitúa en su lugar y da comienzo la obra, pero en ella no dirige, simplemente mira y observa a cada uno de los que van tocando, solo dirige en el final.
El público aplaude intensamente y el director saluda a la concertino y se da la vuela para saludar al público. Sale de la sala entre ovaciones pero vuelve a entrar, saluda nuevamente a la concertino y hace que uno de cada grupo de instrumentos se levante y salude. Tras esto, todos se levantan y saludan junto al director mientras la gente sigue aplaudiendo. Vuelve a salir, pero entra de nuevo, saludando a la concertino, para recibir una ovación final mientras saludan todos los componentes de la orquesta junto a él. Tras esto se despiden definitivamente y salen por una puerta lateral.



